Pasan desapercibidos. Casi ni nos damos cuenta. Pero están ahí. A su manera son héroes. Nadie les pondrá una medalla, ni tendrán homenajes. Probablemente, ni se hable de ellos. Al menos aquí, sí escribiremos...

jueves, 24 de noviembre de 2011

Héroes y bienaventurados (1)


“Bienaventurados los pobres de espíritu, 
porque de ellos es el reino de los cielos”

Efectivamente, bienaventurados son los que tienen necesidad de Dios, porque Él vino especialmente a sanarles. A todos, pero especialmente a ellos. Sentir necesidad del auténtico y único Dios en un mundo lleno de distracciones y ofertas, en una vida plena de egoísmos, es un acto heroico. Casi una misión imposible.

Por eso, bienaventurados los que sienten necesidad sólo de Dios, porque ya han salido a su encuentro. Porque antes serán hallados por el Señor, que también partió hacia ellos. Bienaventurados, porque han puesto su tesoro en buenas manos. Héroes, sin duda, aquéllos a los que sólo Dios les basta.

Bienaventurados son los que eligen ser pobres ante Dios, los que escogen vaciar su corazón para que Él pueda llenarlo, los que optan por no sentir apego a las cosas materiales, los que son capaces de desprenderse de todo por seguirle. Héroes, quienes lo consiguen.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Tú puedes ser uno de ellos


Un héroe anónimo, se entiende...

Digamos que se llama Carlos. El nombre no es real. Desde que nació lo supieron. Sus médicos. Sus padres. Algo no iba bien en su cabeza. La poca esperanza a la que te aferras quedó rota con el diagnóstico.

Entonces llegaron los porqués, las preguntas, la rabia, el clamar al cielo pidiendo una explicación, exigiéndola. Carlos —ya he dicho que no es su nombre— era y es disminuido psíquico profundo. No hace falta tener conocimientos de medicina para imaginar la gravedad del asunto y sentir dolor en el alma.

Pero ni Carlos ni sus padres quedaron solos y a merced de los elementos y de una sociedad que aparta y oculta a los “no-válidos”. Un inciso al respecto de este último concepto: ¿Les he recomendado alguna vez la película “Gattaca”? No dejen pasar la oportunidad.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Once, entre siete mil


Vengo a hablarles de once de entre los aproximadamente siete mil “héroes anónimos” que en la diócesis de Valencia (España) se confirman anualmente.

Lo cierto es que siete mil es una cifra importante hasta que la comparamos con el número anual de bautizos (más de 25.500) y de primeras comuniones (apenas 18.500). Quizá por eso, entre otras cosas, su heroicidad destaca. Incluso se agranda.

Y es que en el mundo actual estar dos años dedicando un par de horas semanales a prepararte para el sacramento de la Confirmación tiene mérito. Y con 16 años, más. Y si encima esas reuniones son los viernes por la noche —como la de los once de los que hablaba al principio— ni les cuento.

Es cierto que dos horas semanales entre las 168 con que cuenta una semana no es mucho. Pero es muchísimo más de lo que otras personas dedican a Dios, incluso contando la Eucaristía del domingo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Elegir no es vetar


No es que hayan sido muy heroicos. Probablemente les mueve más el interés que valores o virtudes morales. Tampoco es que lo hagan muy a menudo. Realmente deberían haberlo hecho y hacerlo en muchas más circunstancias. Ni siquiera han llegado a tiempo. Hace años que este tipo de cosas debería haber quedado al auspicio único y exclusivo de sus incondicionales.

Será que hoy me siento generoso, pero esta semana quisiera destacar a los responsables de que ciertas empresas hayan retirado su apoyo publicitario a un programa de televisión que —lo confieso— jamás he visto en períodos superiores a 30 segundos durante un sufrido ejercicio de zapping. ¡Algo es algo!

Supongo que todos saben de qué hablo. El programa —por cierto, muy en línea con otros de la misma cadena— entrevistó a la madre de uno de los imputados en el asesinato y posterior ocultamiento del cuerpo de Marta del Castillo. No es la primera vez que la televisión vende minutos de publicidad —porque eso es lo que hacen todas— a costa del morbo y el sufrimiento. El ejemplo más antiguo que recuerdo fue el de las niñas de Alcácer, pero probablemente, rebuscando, podamos remontarnos a épocas anteriores.