Pasan desapercibidos. Casi ni nos damos cuenta. Pero están ahí. A su manera son héroes. Nadie les pondrá una medalla, ni tendrán homenajes. Probablemente, ni se hable de ellos. Al menos aquí, sí escribiremos...

jueves, 12 de abril de 2012

De conversos, persecuciones y milagros


Y es que hoy no quiero señalarles uno, sino muchos héroes anónimos. Demasiadas veces podemos caer en el desánimo al contemplar cómo nuestra sociedad sucumbe a múltiples tentaciones. Ya que estamos en Pascua de Resurrección, déjenme intentar sembrar un poco de optimismo. En realidad, a veces que nos falta mucho de esto a  los cristianos: estoy convencido que entre nuestros grandes pecados figura la falta de esperanza.

Por eso, aunque sea con brevedad, quiero proponerles algunas historias conmovedoras, cautivadoras y esperanzadoras.

Por ejemplo, leo en ACI-Prensa (http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=36651) una noticia realmente interesante: la nostalgia de Dios se apodera de columnistas —no públicamente católicos— en los medios de comunicación peruanos durante la Semana Santa. Ya es difícil para muchas personas “públicas” dejarse etiquetar por sus creencias religiosas, para que de repente escriban cosas como las que se transcriben en el citado artículo. No se lo pierdan, porque se parecen a la caída del caballo de Pablo camino de Damasco. Tengan una muestra: “... prefiero equivocarme escribiéndole a quien no le importo que equivocarme no escribiéndole a alguien a quien sí. Y ya que nos hemos tardado tanto en fumar la pipa de la paz, hagamos que valga la pena y cantémonos todos los salmos de una vez (...). Señor ten piedad de tu hijo que es miope, asmático, neurótico, hipotiroideo. Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero siempre podemos sentarnos a conversar en un café".

jueves, 29 de marzo de 2012

Ocho de cada diez


Leo en ACI-Prensa que más de ocho de cada diez sacerdotes elegirían serlo de nuevo si nacieran otra vez, según los resultados de varios estudios realizados en Estados Unidos y recogidos en el libro “¿Por qué los sacerdotes son felices”, escrito por el sacerdote y psicólogo estadounidense de la Universidad Católica de América, P. Stephen Rossetti.

Para la confección del estudio, el padre Rossetti realizó dos encuestas a miles de sacerdotes estadounidenses —1.242, en la del año 2004 y 2.482, en la de 2009— con el objetivo de cambiar la, a su juicio, "percepción equivocada" que la sociedad "secularizada" tiene sobre la felicidad de los sacerdotes.

Señala el autor que muchas personas "piensan que los sacerdotes deben ser infelices porque deben cumplir con el celibato, pero es justo lo contrario, cuando uno sirve a los otros y a Dios, encuentra la felicidad".

jueves, 22 de marzo de 2012

Hacer lo correcto


Que no es lo mismo que hacer lo que todo el mundo, lo que no causa daño a nadie, o lo que me conviene...

Quiero contarles la historia de Juan. Es uno de esos chicos que llenaron las calles en protesta por brutalidades y recortes. No es que las hubiera visto, ni que los hubiera notado hasta que se empezó a hablar de ellos. Lo cierto es que otros le habían contado. Y lo que le contaban, no le parecía justo.

Decidió apoyar la causa, y salir a la calle. A escondidas, porque no quería que se enteraran sus padres. No le entenderían.

Estuvo a pie de balcón día tras día. Con sus pancartas, sus consignas, pitos y gritos. Pensaba que estaba haciendo lo correcto. Había motivos para la protesta. Muchos de sus amigos estaban allí. No había dudas en su conciencia. Ni planteamiento de estrategias, objetivos, tiempos o destinatarios de la crítica...

Y así fue hasta que un día observó el rostro de una niña llorando. Un rostro que reflejaba ignorancia, inocencia, no saber el porqué. Y no era sólo una...

jueves, 15 de marzo de 2012

Volver a empezar


Hoy les propongo una heroicidad especial: la de todo un pueblo. Está claro que cualquier generalización es injusta con la verdad, ya sea para bien o para mal. Y también, probablemente, la heroicidad de la que vengo a hablarles no es consciente para la mayor parte de las personas que la ejercen. Será el atractivo del fuego o del olor a pólvora, pero lo cierto es que me encantan las Fallas. Entre otras cosas porque, durante estas fiestas, miles de personas hacen gala de sus mejores valores...

Y es que es heroico vivir en Valencia en Fallas. Calles cortadas, problemas de aparcamiento, aglomeraciones, pisotones, sueño que se acumula en los párpados y cansancio que toma las piernas, personas de fiesta al lado de otras trabajando... De todo, bueno y malo, en un clima general de convivencia modélico. En Fallas, teniendo en cuenta el número de personas en las calles, apenas ocurren incidentes.

Me encanta ver las calles convertidas en ríos humanos donde hace unas semanas los coches eran los dueños. Me gusta incluso teniendo que buscar rutas alternativas para cruzar de un lado a otro por cuestiones laborales. La ciudad está como más viva. Incluso nos miramos más a la cara.

jueves, 8 de marzo de 2012

Dios siempre paga el rescate


Leo su historia en ACI-Prensa. Roberto Dichiera es un sacerdote italiano de 37 años que recorre —más bien bucea— las calles de Roma buscando rescatar a jóvenes atrapados en la adicción a las drogas, como muchos otros sacerdotes y seglares comprometidos. Nadie suele acordarse de la ingente labor callada y humilde que realiza la Iglesia. Quizá sea mejor así, pero nosotros, católicos, miembros de esta Iglesia, deberíamos sentirnos orgullosos y espoleados por ella.

El caso de Roberto Dichiera no dejaría de ser uno más de esos anónimos, salvo por el hecho de que él conoce de primera mano el drama de la drogadicción. En su adolescencia y juventud fue uno de ellos. Durante diez años.

A los 12 años comenzó su viaje a ninguna parte. Llegó a confirmarse, pero poco a poco se fue alejando. De Dios y de sus padres. Del colegio y sus amigos. Comenzó a frecuentar a personas mayores. Llegó a ser consumidor y camello y a vivir una vida de depravación moral completa.

Sin embargo, a los 20 años, se enamoró de una joven. Católica y practicante. ¿Cómo llegó a conocerla no lo cuenta. Los ángeles que Dios envía a veces tienen rostros muy humanos...